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El dolor de Hécuba

La puesta en escena de Hécuba está dirigida por José Carlos Plaza, a partir del texto de Eurípides, con la adaptación de Juan Mayorga. El montaje, protagonizado por Concha Velasco como la reina-esclava, fue estrenado en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida en 2013, y tuvo una temporada en el Teatro Español de Madrid, al año siguiente. Hécuba es una tragedia griega que cuenta la historia de la caída de la reina troyana. Tras la toma de su ciudad, la protagonista parece condenada a vivir una desgracia tras otra, comenzando con la derrota de su reino, la muerte de su hijo menor, Polidoro, para finalizar con el sacrifico de su hija, Políxena, ante el guerrero Aquiles. Los temas principales en la trama tratan sobre el cambio de fortuna, el dolor de una madre ante la pérdida de su familia, el duelo y la venganza contra el asesino de su hijo.

La obra pertenece al género de tragedia porque cumple con las características como el esquema básico, propuesto por Virgilio Ariel Rivera, que significa que el montaje corresponde a las del tipo de destrucción o de sublimación. En este caso funciona mejor con el de destrucción, ya que “el protagonista sucumbe tras de su agresión consciente a los valores”. De esta forma, la protagonista, después de tomar venganza, transgrede valores universales al planificar y llevar a cabo el asesinato del hijo de Poliméstor. En ese mimo arrebato, maldice la situación, la muerte de sus hijos, y a ella misma. Todo esto se une con la siguiente característica, la del conflicto, que pertenece a uno de carácter ético, el cual lo vive más el individuo que otra persona; en el montaje dicho conflicto le pertenece y lo encarna Hécuba. Al perder todo lo que tenía y lo que más amaba, decide tomar la justicia en sus propias manos, al matar al primogénito y arrancarle los ojos al asesino de su hijo menor. Aquí, el espectador también se vuelve parte del conflicto, ya que si en el público hay una madre o un padre, se pueden identificar o incluso apoyar la sed de venganza de la reina-esclava; en ese momento las personas se sorprenden, porque se dan cuenta de que el amor filial puede volverse una vendetta o un camino hacia la desesperación por la pérdida de alguien amado.

Lo anterior lleva a la siguiente característica de la tragedia: el espectador se identifica. Esto sucede, como se lee en La composición dramática, porque el auditorio se ve reflejado en el montaje; por una parte, siente y comparte el dolor de los personajes, pero a la vez marca una distancia, porque no quiere verse como victimario ni como víctima, así que siente una fuerte empatía hacia ellos. En la comedia, Ariel Rivera señala que el público “generalmente se identifica con el medio social porque el protagonista es, por lo regular, un infractor que termina haciendo el ridículo”. No obstante, en Hécuba es fácil identificarse con el medio; por ejemplo, si un espectador que vivió en Ciudad Juárez, de los años de 2008 a la actualidad, experimentó la pérdida de alguien amado. Y, al igual que Hécuba, los que quisieron obtener justicia, no la consiguieron, provocando en su interior gran desasosiego. Esto lleva al manejo de emociones, cuando el montaje quiere provocar unas específicas en el espectador, que son conocidas como controlables o no controlables, algo muy común en las tragedias. Hécuba quiere incitar en el espectador tristeza y dolor por las muertes, enojo contra Poliméstor, indignación cuando Agamenón ignoró las súplicas de la reina-esclava.

Todo eso hace que me pregunte, ¿quién ha sido víctima al final? Según Ariel Rivera, en las tragedias, las víctimas sólo recaen en terceras personas, nunca en el protagonista. Difiero de esto, porque Hécuba no murió en la guerra, como su marido; ni fue asesinada, como su hijo menor, ni sacrificada, como su hija, pero se volvió la víctima de algo peor, el destino. Por culpa de su fortuna, perdió todo: su reino, estatus social, su familia. Hécuba no sucumbió como los suyos, pero se quedó sola, sufriendo del dolor de la muerte y eso, sin duda, es aún más cruel.

Ana Yareli Corrales Chávez
20 de septiembre de 2020

 

Ejercicio: Elaborar una reseña crítica de 600 a 700 palabras sobre la puesta en escena. Primero, veremos la videograbación de la obra, grabada en Madrid en 2014; luego, leeremos el textos dramáticos (en la edición de Gredos); y, por último, la teoría (el capítulo correspondiente de Virgilio Ariel Rivera). Las especificaciones son las siguientes:
  • Párrafo inicial: Contextual. Datos principales del montaje: texto dramático original (fecha de composición o representación), dramaturgo, director, compañía, elenco principal (protagonistas), festival, foro y fecha del espectáculo. Aquí es necesario realizar una pequeña sinopsis. La lectura del texto dramático nos ayudará a comprender y analizar el ejercicio de adaptación llevado a las tablas. ¿Cuál es el tema principal de la puesta en escena? Van a respaldar su escritura con una imagen (un pantallazo).
  • Párrafo o párrafos siguientes: Daremos por hecho que la puesta en escena es una tragedia. Desarrollarán cinco conceptos que aparecen en los mapas conceptuales de Ariel Rivera, y que los pondrán en cursivas para que sea más fácil identificarlos. Ejemplo: esquema básico, conflicto, maneja emociones, toma de conciencia, el espectador se identifica, etc. Utilizarán, al menos tres citas (textuales o parafraseada), para respaldar sus ideas.
Norteatro
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Centro de investigación y documentación dramática.

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