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La joven Antígona y la filosofía tras la revolución

 

Obra: La joven Antígona se va a la guerra

Dramaturgo: José Fuentes Mares

Dirección: Luis Bizarro

Compañía: Teatro Bárbaro

Plataforma: YouTube

Fecha de lanzamiento: 5 de febrero, 2021

 

La joven Antígona se va a la guerra se remonta a una época de convulsiones sociales (a nivel mundial, durante la década de los 60 del siglo pasado), en la cual un grupo de guerrilleros planean atentar contra un tren de pasajeros, al igual que esperan la llegada de Antígona, una mujer de la clase alta que afirma simpatizar con los ideales de sus causas y con la finalidad de una revolución. La joven Antígona, escrita por el reconocido escritor chihuahuense José Fuentes Mares en 1969, expone la participación de la mujer durante los tiempos de guerrillas y el impacto que tuvieron para definir el camino de los conflictos armados. Por otra parte, tanto el texto como la puesta en escena construyen a sus personajes bajo la disposición de un pensamiento crítico, por lo que la obra desarrolla su trama central bajo la ambientación histórica (ya aludida), mientras que la interacción de ideales alude posturas y arquetipos filosóficos de la antigua Grecia. El espectáculo, dirigido por Luis Bizarro, dota al espectador de un vistazo al pasado de Chihuahua, tal como propone la obra original, poniendo de manifiesto que las motivaciones en la revolución implicaron un panorama complejo y cuestionable sobre los mismos activistas, protagonistas de los hechos. Es posible que Teatro Bárbaro haya cautivado al público interesado tanto en el campo de la historia o incluso de la filosofía, pero su montaje también se dirigió a la audiencia, en general, que acudió al estacionamiento King Kong, como un espacio alternativo, para disfrutar del teatro tras una larga espera.

Cabe resaltar el esfuerzo de la compañía en la producción del montaje, a pesar de las condiciones sanitarias; con ello en contra, la puesta en escena demostró no verse afectada o limitada para desarrollarse, en razón a la fortaleza del argumento y la figuración de los personajes encarnados. El uso de algunos elementos de utilería y el diseño del dispositivo escénico (en arena) requiere que el espectador centre su atención en la relación entre personajes, antes que tener una fijación por los pocos elementos que conforman la ambientación. Particularmente, las máscaras alusivas de la antigua Grecia pudieron llegar a ser contradictorias para los espectadores al momento de aparecer en la primera escena, pero la misma no demora en presentar a los primeros personajes y, dado el tipo de diálogo que utilizan estas figuras, comienza a tomar sentido y se comprende la relevancia de su papel. El montaje en un estacionamiento permite representar un lugar oculto, íntimo y secreto, lo que favorece al decorado de los primeros cuadros. Por el lado de la apreciación desde nuestras pantallas, la audiencia en los medios digitales no pudo percibir dicha disposición por las limitantes en los ángulos de la grabación en directo. La dinámica entre diálogos adquirió mayor significado, en lo que respecta al modo y al planteamiento, que los cuestionamientos, al igual que las menciones de argumentos filosóficos que pretenden adaptarse a una época moderna. La exposición de los actores en los diálogos dispone de un ritmo pausado, al igual que un tono sosegado que supone, para nosotros, complicaciones para comprender argumentos o conceptos.

Crédito de fotografía: Raúl Kigra

En esencia, la obra expone la importancia que tiene el pensamiento crítico ante situaciones de activismo social y sus causas de origen. La intención dramática no remite directamente sobre algún conflicto actual en específico, pero sí ejerce un diálogo reflexivo para quienes reconozcan situaciones de violencia y de unión social que muchas veces terminan atentando contra la población inocente que observa desde la línea de fuego. Parece destacable señalar la función del diálogo clásico para justificar las acciones de los guerrilleros; pues, así como establece un resguardo entre los hombres acerca de la causa, también construye una motivación absoluta que evita cualquier argumento que cuestione el propósito de sus actos. Este aspecto invita a reflexionar sobre los valores y la ética que implica una manifestación social, más aún cuando las acciones de todos aquellos se mantengan en el libre albedrío de sus miembros y no solo en la confianza ciega. Desde la experiencia del espectador, enganchado con la interacción entre personajes, La joven Antígona consta de una trama interesante, argumentos sugestivos y, por supuesto, una retroalimentación sobre el juicio crítico y moral, así como una amplitud de la complejidad que atañe a hechos trascendentes como las guerrillas en Chihuahua (y en todo México). La audiencia obtiene un aprendizaje que no moraliza, sino que pone en tela de juicio las decisiones radicales y unívocas. Al colocarse en el lugar de los personajes, nos cuestionamos los actos que contribuyen a las causas liberales y a las condiciones que ameritan reconsiderar lo que es éticamente favorable para un movimiento social dispuesto a un futuro mejor.

Crédito de fotografía: Raúl Kigra

Jesús Enrique Gallegos Ares

Norteatro
Norteatro
Centro de investigación y documentación dramática.

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