La joven Antígona se va al internet

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La joven Antígona se va al internet

Obra: La joven Antígona se va a la guerra

Dramaturgo: José Fuentes Mares

Dirección: Luis Bizarro

Compañía: Teatro Bárbaro

Plataforma: YouTube

Fecha de lanzamiento: 5 de febrero de 2021

 

La puesta en escena de La joven Antígona se va a la guerra, montada por la compañía Teatro Bárbaro el pasado 5 de febrero en las instalaciones de un estacionamiento en la ciudad de Chihuahua, trata la historia de una joven llamada Antígona que participa, no de una guerra como tal, no de una batalla épica a capa y espada, sino de una lucha más actual por medio de la protesta hacia las injusticias que los gobernantes hacen pasar a muchos de los ciudadanos. Así, ella busca aportar a la causa y se pone en contacto con las personas que le parecen pertinentes, de manera que adquiere un compromiso moral con estas. A la par, deberá lidiar con su propia moralidad por medio de la inteligencia para lograr el triunfo de la rebelión sin dejar de lado sus ideales y limitaciones que se imponga a sí misma. A grandes rasgos, esta obra trata temas que jamás dejarán de ser novedosos para el público, porque son inherentes a la condición humana. Estos harán que el espectador piense sobre su lugar en la sociedad, las posibilidades de su papel en la misma y las diferencias que deberían suprimirse. Por medio de la protagonista, con su pelea interna, con su razonamiento audaz y su creatividad para enfrentar las situaciones que aparentemente no tienen solución, La joven Antígona resulta en una puesta en escena que llama la atención en más de un aspecto técnico y estético.

El montaje de la obra, por sí mismo, implica un tema interesante. Para comenzar, el espectador debe tener en mente que se trata de una puesta en escena y en pantalla que intentó lidiar con dos tipos de público de manera simultánea: el presencial y el virtual. En ambos casos, el director enfrentó problemas y cuestiones particulares. Aquellos que acudieron al lugar tuvieron que seguir las medidas preestablecidas por los organizadores, tales como mantener las ventanillas arriba en todo momento y no salir de los autos, lo que (supongo) restó un poco de la experiencia teatral. Además, el audio estuvo delimitado por la transmisión en FM desde sus vehículos. Por otro lado, aquellos que estuvimos a distancia, la probabilidad de fallas técnicas y los cambios de cámara, a veces un tanto incomprensibles, fueron grandes retos para sortear. Sin embargo, lo destacable, tanto por la complejidad de la situación como por la restricción que significó para los actores, radica en los micrófonos que tuvieron que portar para que la obra se llevara a cabo. Debido a que los aparatos estaban demasiado cerca de las bocas de los actores, necesitaron controlar el volumen de su voz, reduciendo así, hasta cierto punto, la potencia de su interpretación. A todo esto, es necesario agregar que incluso los actores se rigieron, en todo momento, por las normas sanitarias, así que usaron pañuelos o una especie de bufandas para delimitar, también, su dicción. Claro que, todos estos aspectos se esperaban debido a la “nueva normalidad”.

En términos generales, se trata de una obra cuya adaptación a la época actual no tiene demasiadas complicaciones. No implica, desde luego, que sea una obra simple o llana, sino que la temática forma parte de la humanidad en general, de tal forma que evoluciona con la misma. Eso que en el hombre no cambia aparece, justamente, en el escrito de Fuentes Mares. Para muestra: el tratamiento de Antígona, figura anclada a la época clásica. Los griegos denotaron que no es necesario establecer una geografía particular para hacer propio al personaje, a su desarrollo o aquellos ideales por los que lucha y enfrenta la injusticia por su propia mano. Estos aspectos tienen un reflejo, hasta cierto grado, dentro de La joven Antígona, pues el texto del dramaturgo chihuahuense no carece de las cuestiones filosóficas que plantearon los helenos. Más allá de “la comodidad del hogar”, en que puede disfrutar de esta puesta en escena, la realidad es que toca temas inquietantes que traspasan la pantalla, como nuestra participación –imparcial o no– en el entorno político en el que interactuamos. ¿En qué momento alguien cruza la delgada línea entre la justicia y la venganza? Por ello, este montaje, pese a los problemas y riesgos técnicos en su modalidad de representación, es ampliamente recomendable para la audiencia que espera algo profundo, una propuesta dramática que hace pensar a la par de disfrutar de una experiencia escénica sin precedentes.

 

Crédito de fotografías: Raúl Kigra

Zaira Selene Montes Guzmán

Norteatro
Norteatro
Centro de investigación y documentación dramática.

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