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Obra: Quisiera ser

Dirección y dramaturgia: Ricardo Aguirre

Compañía: Laboratorio Escénico Teatro de Fronteras

Foro: Café teatro Telón de Arena

Fecha: 22 de julio de 2021

Precio: $120 – $150

– ¿Cómo se hace algo para ayer?

– Con sacrificios

Ante un público iluminado en rojo, un actor aparece en el escenario; retira un gafete de su boca y nos anuncia su intención con una voz resoluta: “¡Hoy renuncio!” Su vestimenta y su actitud nos hacen pensar, en primera instancia, que este hombre se refiere a su trabajo de oficina. Sin embargo, el dramaturgo, actor y director Ricardo Aguirre nos invita a una reflexión mucho más profunda en diversos ámbitos de la vida adulta hoy en día. ¿A qué renunciamos realmente? ¿Es posible recuperar los sueños que se pierden de vista?

Enmarcada en la nueva normalidad y el regreso presencial del teatro a Telón de Arena, Ricardo Aguirre nos presenta Quisiera ser, una puesta en escena unipersonal en la que el personaje (un oficinista que bien puede ser cualquiera de nosotros) nos lleva de la mano a reflexionar sobre la salud mental, los anhelos extraviados, la mecanicidad laboral y, en general, sobre la experiencia de ser un adulto en el mundo actual. Como si se tratara de una Alicia en el país de las maravillas millennials o un Dante Godínez, el actor emprende un viaje por sus memorias y sentimientos en el que es guía y viajero, juez y sentenciado, víctima y victimario, jefe y obrero. En ocasiones, el recorrido tiene a lo personal e íntimo, pero en otros momentos nos refleja a todos cual espejo. La obra (en su segundo fin de semana en Telón de Arena) ya había sido estrenada en formato presencial, a inicios de 2020, antes de las restricciones por la pandemia, y también fue adaptada a video para participar en la Muestra Estatal de Teatro del año pasado.

La obra es un unipersonal (o monodrama) pues un solo actor representa a diversos personajes. Sin embargo, Ricardo Aguirre lo lleva más allá: no solo interpreta a diferentes voces, sino que, en ocasiones, lo hace al mismo tiempo. Lo anterior me lleva al siguiente punto: es memorable el control que el actor tiene sobre su cuerpo. Citando a Diderot, “hay escenas enteras en las que es infinitamente más natural para los personajes moverse que hablar”. Creo que esa es una asignatura que Ricardo Aguirre entendió muy bien. Si bien la obra no cuenta con diálogos largos, no hay un solo minuto en el que el actor no nos esté comunicando algo con su cuerpo. Sus movimientos, precisos e intencionados, establecen un diálogo complejo con su audiencia que debe descifrar e imaginar lo que el cuerpo habla y, a la vez, descubrir su propia experiencia en el otro. El gestus es entonces el protagonista de esta obra y lo que la hace tan distintiva; la palabra parece acompañar al movimiento y no al revés. El gran trabajo físico del actor se ve complementado con el inteligente uso de la iluminación del foro que no solo trabajaba con el escenario sino también con el público, generando ambientes distintos con simples cambios de tonalidad. Su actuación es en sí todo un espectáculo digno de presenciarse. Además, se agregan como elementos técnicos la musicalización de fondo y el vestuario del actor que, a pesar de su sencillez, tiene una función importante a lo largo de la obra. En general, describo el espectáculo como una propuesta meticulosamente montada a pesar de su minimalismo. Todo encaja, todo se complementa, todo tiene un propósito y genera una sensación de completitud.

¿Estamos viviendo o matando el tiempo? A veces es complicado saber. El personaje renuncia a muchas cosas que nos son familiares: sueños, humanidad, felicidad… Pareciera que no hay forma de conciliar nuestras expectativas de la vida con la realidad. Somos una generación cansada y profundamente instalada en la maquinaria social y laboral en la que la individualidad se difumina. Sin embargo, el propósito del viaje que hacemos con el actor no es solo reconocer nuestras propias ansiedades sino encontrar una luz al final: renunciar a lo que tengamos que renunciar y recuperar aquello que no debimos dejar ir. Al final del día, Quisiera ser es un ejercicio unipersonal que tiene algo que decirnos a todos, sin importar nuestras circunstancias, nos habla y nos mueve a la reflexión en una época (pandémica) en la que nuestras vidas han sido sacudidas.

Claudia Fernández

24 julio, 2021

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